Cuando el alma no puede defenderse de su ser humano

Por:

Juan Lama Ortega
27/09/2013

Cuando como seres humanos fallecemos, la energía que hemos estado emitiendo durante nuestra vida terrenal no se destruye.

Cuando como seres humanos fallecemos, la energía que hemos estado emitiendo durante nuestra vida terrenal no se destruye. Lo que hemos hecho y de lo que nos hemos abstenido de hacer es energía, que al igual que una película, se graba en secuencias de imágenes y que conforme a la ley cósmica estimulan al ser humano y también al alma tras el fallecimiento, a eliminar, es decir a arreglar, puesto que se trata de introducciones energéticas en nuestro interior.

Los seres humanos y también nuestra alma lo graban todo, por este motivo el ser humano es y será responsable de todos los pros y contras que han tenido lugar en su vida, ya sea a nivel de pensamientos, palabras o comportamientos. De esta forma nuestra alma puede calificarse lamentablemente de cisterna colectora de nuestras energías negativas.

Si usted apreciado lector reflexiona a fondo sobre lo que hasta ahora ha leído, que es un pequeño extracto de lo que tiene lugar en el ámbito astral, tal vez se compadecerá de su propia alma, la que durante mucho tiempo a través de su conciencia rehusó aceptar los desordenes de carácter excesivamente humanos, es decir bajos, que usted de una forma u otra le infringió.

Cuando el ser humano ha ahogado su conciencia en tal medida que ya no siente, es decir no percibe sus impulsos, el alma ya no puede defenderse y sólo le queda ir grabando lo que el ser humano introduce en ella. Pensemos que el alma graba todos lo acontecido en la vida diaria de la persona, es decir todos los contenidos de nuestro modo de sentir, pensar, hablar y obrar, todos nuestros excesos, todo lo que está en contra de la voluntad de Dios, en contra de la ley cósmica. Todo esto además es grabado también en los correspondientes planetas de registro de los cosmos.

Por eso el mejor consejo es: ¡Respete, valore y conserve su vida! La vida no conoce límites y tras el fallecimiento su alma continuará viviendo, el donde lo determina cada uno por sí mismo, ya que tal como el árbol cae, así queda. El ser humano es hoy en la Tierra quien será mañana como alma tras la muerte, nada cambia después de ésta.

Un alma no va al cielo tras la absolución de un sacerdote, irá al cielo cuando purifique todo lo que de negativo introdujo en su alma, también cuando arregle todo lo que causó a otras personas, también a la madre Tierra. Tampoco irá al infierno, pues Dios no condena a ninguno de Sus hijos y no existe ningún lugar en el universo llamado infierno. Por todo esto tenga presente: nadie sabe si mañana todavía será un ser humano, porque nadie sabe cuando llegará su última hora.