¿Cómo construir confianza, respeto y tolerancia?

Por:

Sitio Cero
06/07/2011

Cuando uno enjuicia a los demás desde su verdad (la del otro), argumentando falta de consecuencia, ese juicio sí es acertado y sincero, pues no deja salir mi verdad como juez. Lo que juzgo en este caso, es falta de consecuencia, es irregularidad en el discurso, es falta de coherencia.

Si bien la verdad no es única, al menos lo que uno pide del otro es que su verdad, esa que me cuenta a mí, sea siempre la misma. No es tanto pedir. Se trata de confianza, de entrega y sobre todo de consecuencia. Se trata de tener una línea, de andar derecho por la vida y de saber que los demás sí esperan mucho de ti.

En el fondo, las relaciones interpersonales llegan a concretarse y a mantenerse de manera sana sólo en la medida en que uno  comparte estas ideas de base sobre la vida. Cualquier relación interpersonal que no se construya sobre la base de una confianza mutua y compartida – en donde aquellas verdades propias deben ser expuestas y desarrolladas con respeto desde un inicio- termina siendo insana y poco beneficiosa para ambos. Hasta en las relaciones laborales, si uno no confía en el jefe o al revés y aún más importante, si el jefe no confía en su equipo de trabajo, la cosa finalmente se convierte en un problema.

Cuando incluso instintiva e inconcientemente elegimos a un amigo, esa relación será duradera y valiosa en nuestras vidas en la  medida en que ambos sepamos la verdad de cada cual y confiemos en que el otro va a actuar siempre conforme a esa verdad.  Consecuencia y confianza creo que van de la mano y son fundamentales para una relación sana.

Cuando escucho a la gente decir que la otra persona “está equivocada”, o incluso, cuando yo misma hablo desde una objetividad que no existe y juzgo a los demás por sus actos, en general, sucede que ese juicio está errado, ya sea porque hablo desde mi verdad o  porque simplemente no entiendo ni tolero la verdad del otro. No digo que estemos todos de acuerdo, estoy hablando de respeto.

Por ejemplo, cuando uno enjuicia a los demás desde su verdad (la del otro), argumentando falta de consecuencia, ese juicio sí es acertado y sincero, pues no deja salir mi verdad como juez. Lo que juzgo en este caso, es falta de consecuencia, es irregularidad en el discurso, es falta de coherencia.

Yo siento que la clave de todo esto radica en entender que no existe una única verdad o razón bajo la cual uno debe entender a los demás y a través de la cual uno intente establecer relaciones interpersonales. Con esto entonces el problema de la mentira radicaría básicamente en la inconsecuencia, en la falta de sentido entre lo que hago y lo que digo y su relación con mi propia construcción de la verdad. La mentira, así como la verdad no sería entonces algo objetivo sino sólo una construcción similar pero inversa de nuestras verdades. Serían como una base de datos en dónde estaría la lista de mis verdades y su opuesto, la lista de mis mentiras.

Lo importante es tener en cuenta que existen muchas vivencias y construcciones propias de realidades distintas y que, si no somos capaces de 1) aceptar esas verdades como algo tan válido como mi verdad 2) actuar en consecuencia con lo que decimos es nuestra verdad y 3) compartir aquellas verdades de manera sincera y abierta con los demás, ninguna relación será valiosa, sana y perdurable.

En tiempos de movilizaciones, de choques de verdades, lo que uno espera es eso: consecuencia, tolerancia, respeto y confianza en que los que pensamos de forma similar vamos a dar la pelea de manera consecuente frente a quienes no piensan igual (los que, no por eso, son nuestros enemigos o nuestros objetos de odio) Insisto, por sobre todo, se trata de respeto y tolerancia.

Por Alejandra Yermany en Sitio Cero